-Ayuda. ¡Ayúdame!- le decía mientras me miraba. Una mirada dura, ojos sin sentimientos cálidos, parecía incluso que disfrutara viendo mi estado, tan dañado, destrozado y moribundo. No puedo decir como acabé aquí. De hecho no recuerdo nada anterior a este momento. Pero nunca se me olvidará su mirada. Llena de odio, rencor y rabia. Quería disfrutar de mi muerte. Eso seguro. Mantuve su mirada. Tenía los ojos llorosos. Me arrastré por el suelo. Agarré su pierna con toda la fuerza que tenía, que no era mucha, sin apartar mi mirada de la suya. -No me toques.- Dijo con tal cantidad de repugnancia en su voz que me hizo bajar la mirada. Incluso me hizo sentir que estaba haciendo algo malo !Solo pedía ayuda¡ En cuanto bajé la mirada él aprovechó para propinarme una patada en la cabeza, haciéndome quedar aún más confusa, ¿qué pasaba? ¿Por qué me hacía eso? Intenté unir cabos, a pesar de todo, logré comprender que era él quien me había llevado allí... Allí... aún no me había fijado donde me enc...
Comentarios
Publicar un comentario