Ayuda.

-Ayuda. ¡Ayúdame!- le decía mientras me miraba. Una mirada dura, ojos sin sentimientos cálidos, parecía incluso que disfrutara viendo mi estado, tan dañado, destrozado y moribundo. No puedo decir como acabé aquí. De hecho no recuerdo nada anterior a este momento. Pero nunca se me olvidará su mirada. Llena de odio, rencor y rabia. Quería disfrutar de mi muerte. Eso seguro. Mantuve su mirada. Tenía los ojos llorosos. Me arrastré por el suelo. Agarré su pierna con toda la fuerza que tenía, que no era mucha, sin apartar mi mirada de la suya.
-No me toques.- Dijo con tal cantidad de repugnancia en su voz que me hizo bajar la mirada. Incluso me hizo sentir que estaba haciendo algo malo !Solo pedía ayuda¡
En cuanto bajé la mirada él aprovechó para propinarme una patada en la cabeza, haciéndome quedar aún más confusa, ¿qué pasaba? ¿Por qué me hacía eso?
Intenté unir cabos, a pesar de todo, logré comprender que era él quien me había llevado allí... Allí... aún no me había fijado donde me encontraba. miré a mi alrededor. Una plataforma de cemento debajo de mi, pero el resto... el resto era todo hojas secas, tierra y árboles de tamaños gigantescos. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Tenía miedo. Mucho. Saber que la única persona que tenía cerca de mi en estos momentos sería mi verdugo. Que estaba en un bosque. Alejada de todo. Comencé a sollozar. Oí un suspiro cansando y como él se alejaba. No me atreví a mirar, me llevé las manos a la cabeza, quería gritar y lo hice. Rápidamente vino y me levantó bruscamente del suelo, me agarró del cuello.
-Mierda, cállate.-Me abofeteó la cara.- Deja de llorar ya, imbécil.- Lo dijo con un tono calmado que me produjo más miedo del que tenía. Pasó su brazo por mis hombros y me guió hacia el bosque. Casi no podía caminar, tenía las piernas entumecidas, pero no pareció importarle.
-Ahora que ya estás despierta quizá podamos un jugar un poco.-Dijo. No pude articular palabra ante esto. ¿Qué me iba a hacer? ¿Qué iba a pasar conmigo? Cada vez me asustaba más.

Estuvimos caminando por el bosque durante bastante tiempo. Llegamos a una cabaña bastante pequeña de madera y entramos. Sangre. Sangre es lo único que recubría las paredes interiores de la cabaña. Lienzos colgados en las paredes pintados con sangre. Noté una lágrima bajar por mi mejilla. Me dejó sentada en el suelo, no podía apartar la vista de los cuadros, hubo uno que atrajo mi mirada completamente. No supe descifrar, ni quería imaginar, que significaba.
-Es sin duda, mi mayor obra de arte. Me sorprendería que alguien como tú lo comprendiese. Fue el primero que hice. Nunca pude hacer otro similar.-Decía esto mientras se acercaba a mi.- Venga levanta. Vamos a jugar.
-¿Jugar?- Mi voz temblaba. - ¿A qué?
-Ya lo verás.

Comentarios

Entradas populares de este blog

No te conozco

Dolor